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La Visita

Por eserinconcasioculto - 26 de Septiembre, 2007, 15:51, Categoría: Pequeños relatos

"La visita"

   …entonces desperté y la incapacidad de movimiento, aquella que viene de la mano del terror más absoluto, se apoderó de mi cuerpo indefenso. Intenté levantarme de aquella silla pero no pude. Ninguna cuerda inmovilizaba mis manos, ninguna mordaza callaban mis gritos de horror, pero no podía ver, no podía moverme, tan sólo podía oír como merodeabas a mi alrededor, en silencio, inspeccionando cada poro de mi sudorosa piel. Forcé mis ojos para intentar vislumbrar un atisbo de luz, con idea de, al menos ubicar la ventana y saber así mi posición. Fue imposible. Entonces surgió una duda: ¿quién eras?, aunque aquella no era la pregunta adecuada, sino la que vino a continuación: ¿qué querías hacer conmigo?. No podía imaginarlo y aquella idea me aterrorizaba sobremanera.

   Te detuviste detrás de mí, me miraste y noté como tus ojos se clavaban en mi nuca. Noté como la frialdad de tu mirada helaba mis huesos sin tocar mi piel. Mi pequeño y diminuto ser quiso haber sido aire y volar, pero no volé. Mis alas habían sido cortadas por mil diminutos dientes que dejaron su huella en mi cuerpo. Tus pasos. Aún oigo tus desnudos pies sobre la loza fría, acercándose a mi silla lentamente por la espalda. Dejaste caer sobre mis hombros tu gélida respiración. Era un vaivén rítmico que caía suavemente sobre mi piel y se iba convirtiendo en silencio para volver a visitarme al instante. Sigilosamente como una serpiente tu fría respiración subió hasta mi cuello y ahí se detuvo. Tras unos segundos oí tu voz:

-         "¿Sabes quien soy?".

   Mis balbuceantes palabras no supieron ver la salida y murieron en el mar de mi propio silencio. No podía verte, pero podía sentirte y ya sabía en todo momento dónde estabas, sin necesidad de una imagen, un sonido u otra señal que me indicara tu ubicación. Simplemente te sentía cerca, más cerca de lo que nunca estuvo nadie. Tan cerca que había momentos en que dudaba si estabas ahí afuera o dentro de mi aterrorizado cuerpo.

   Oí cómo tus pasos volvían a danzar a mí alrededor, una macabra danza que aún hoy oigo. De nuevo te colocaste detrás de mi y me susurraste al oído: "Soy la Muerte". Unos minutos de silencio tensaron aún más la situación. Quizás fueran segundos, pero a mi me parecieron días.

   Tus palabras volvieron a nacer a escasos centímetros de mi oído: "pero no he venido a buscarte, sino a conocerte". Tu frío aliento fue desapareciendo y la distancia me hizo respirar con un poco más de soltura. Entonces noté como te acercabas de nuevo. Tus labios rozaron mi cuello, un dulce y terrorífico beso aquel que me diste, antes de desvanecerte en la oscuridad y marcharte tal y como habías venido.

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