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Abril del 2008

El Cristal de mi ventana

Por eserinconcasioculto - 9 de Abril, 2008, 16:12, Categoría: Pequeños relatos

   El cristal de mi ventana me cuenta todo. Me cuenta que las gotas de lluvia quieren borrar el gris del asfalto a base de golpes. Los primeros tímidos, distantes, casi besando la grava en vez de golpearla. Luego lo hace con más fuerza, intentando sorprenderlo. El asfalto se defiende casi sin esfuerzo. En unos segundos no quedan huecos claros en él ya que cada golpe de lluvia ha sido respondido con un gris más oscuro. La lluvia, vencida en su orgullo, termina golpeando a la propia agua que cayó antes. Ya casi no lo toca siquiera y vencida, en grupo, se va retirando formando una fila junto al bordillo de la acera. Pero en su huída no quiere darse por vencida aún, insiste, sigue insistiendo sin cambiar de táctica aunque esta vez el grueso de su ejército es mayor, tanto que apenas dejan pasar la luz del sol entre las gotas que aún esperan su turno allá en el cielo. Se enfurece, golpea con más fuerza, con rabia, desesperadamente. El gris del asfalto, en cambio, está tranquilo, confiado, seguro de su dureza. Al cabo de un rato la lluvia se cansa, los golpes ya no tienen fuerza alguna y se retira lentamente, vencida. Y esperando el próximo encuentro dejan en el campo de batalla los cadáveres que cayeron heroicamente mientras se consuela pensando: “lo hemos ablandado un poco más”

 

   Después se retira a los campos. La tierra la recibe con alegría y jolgorio. Se besan, se rozan, se acarician. La lluvia se incrusta en la tierra y esta no puede hacer otra cosa que gemir. Hacen el amor entre gritos y gemidos. Hacen el amor enérgicamente, con la pasión de dos enamorados que creen que se conocen sin hacerlo. Y lloran y ríen y gozan y sueñan y bailan. Y tras el acto, el silencio, la calma. Descansan en completo silencio. Después, sin importarles cuando volverán a verse, no se despiden, sino que se miran y se alejan. La tierra sonríe. La lluvia se pierde buscando un nuevo asfalto con quien luchar y una nueva tierra a quien amar, condenada al viaje eterno se pone el abrigo y coge el paraguas. “Mañana puede que llueva” – susurra mirando al cielo.

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